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“La muerte no tiene dueño” y la tierra recuerda cada injusticia.

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La trayectoria cinematográfica de Jorge Thielen Armand ha estado marcada desde sus inicios por una obsesión muy concreta. La de mirar las heridas invisibles de Venezuela y convertirlas en cine. Ya en La Soledad (2016) exploraba la decadencia de una casa como reflejo de un país que se desmoronaba. Más tarde en Fortitude (2020) se acercaba a la supervivencia extrema en una nación rota por la crisis. Ahora con La muerte no tiene dueño da un paso más ambicioso y complejo. Si aquellas películas observaban las consecuencias del derrumbe esta nueva obra busca las raíces profundas de la violencia que ha acompañado a América Latina desde la colonización hasta nuestros días. Lo hace además utilizando un envoltorio de thriller rural que poco a poco se transforma en una tragedia feroz donde nadie puede escapar del pasado. La elección de Asia Argento resulta fundamental para entender la película. Su presencia genera una tensión inmediata porque encarna a una mujer atrapada entre dos mundos. Por un ...

“Low Expectations”: cuando perderse es el primer paso para volver a encontrarse.

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  La trayectoria cinematográfica de Eivind Landsvik llega a Low Expectations desde un territorio muy preciso. El de los cuerpos jóvenes que no saben todavía cómo estar en el mundo. En Sofia en sommer (2021) ya aparecía esa sensibilidad para observar lo que no se dice. En Tits (2023) confirmaba una mirada atenta a la inseguridad juvenil. A la torpeza emocional. A ese instante en que una persona parece vivir dentro de sí misma como si no encontrara la puerta de salida. Low Expectations (2026) no rompe con ese camino. Lo amplía. Lo hace adulto. Lo convierte en una película sobre la depresión sin convertir la depresión en espectáculo. Landsvik no filma una caída para que la contemplemos desde fuera. Filma el después. Filma la mañana siguiente. Filma esa zona gris en la que ya no hay drama visible pero tampoco hay vida suficiente. Maja ha sido una artista joven. Ha conocido el vértigo de los escenarios. La exposición. La promesa venenosa de ser alguien demasiado pronto. Pero la película...

“La doble libertad”: Bosque y silencio.

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  La trayectoria cinematográfica de Lisandro Alonso siempre ha parecido avanzar en dirección contraria al resto del cine contemporáneo. Mientras la mayoría de directores buscan historias cada vez más grandes más veloces y más llenas de estímulos Alonso lleva más de dos décadas depurando el silencio hasta convertirlo en una forma de lenguaje cinematográfico casi espiritual. Desde La libertad (2001) Los muertos (2004) Fantasma (2006) Liverpool (2008) Jauja (2014) y Eureka (2023) su cine ha estado marcado por hombres errantes personajes suspendidos entre el aislamiento y la desaparición seres humanos que parecen vivir fuera del tiempo moderno como si pertenecieran a una dimensión anterior al ruido del mundo. Pero lo fascinante de su evolución es que nunca ha repetido exactamente la misma película. Cada obra ha funcionado como una mutación de la anterior. Como si Alonso hubiera pasado toda su carrera intentando capturar algo imposible de definir. El peso del tiempo sobre el cuerpo huma...