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“La Gradiva”: La adolescencia como catástrofe emocional

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  La trayectoria cinematográfica de Marine Atlan parecía destinada desde hace años a desembocar en una película como La Gradiva. Antes incluso de dirigir su primer largometraje ya había construido una de las miradas visuales más hipnóticas y personales del nuevo cine francés gracias a su trabajo como directora de fotografía en películas como Jessica Forever (2018) Foudre (2022) o L’Engloutie (2025). En todas ellas existía una obsesión constante por los cuerpos vulnerables por la adolescencia entendida como un territorio emocional salvaje y por la luz como forma de expresar aquello que los personajes son incapaces de verbalizar. Pero donde otros directores de fotografía suelen quedarse atrapados en la belleza estética Marine Atlan da un paso mucho más difícil y mucho más raro. Consigue convertir la imagen en emoción pura. Y eso es precisamente lo que convierte La Gradiva en una de las películas más comentadas y perturbadoras del Festival de Cannes 2026. No porque sea escandalosa ni ...

“Diario de una doncella:” y la Europa que limpia su conciencia mientras ensucia su alma.

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  La trayectoria cinematográfica de Radu Jude lleva años funcionando como una de las miradas más incómodas provocadoras y necesarias del cine europeo contemporáneo. Desde sus primeros trabajos el director rumano ha demostrado una obsesión casi enfermiza por desmontar las estructuras morales políticas y sociales que sostienen la Europa moderna. Ya en The Happiest Girl in the World (2009) aparecía esa sensación de personajes atrapados dentro de sistemas que los utilizan mientras les hacen creer que son libres. Más adelante Everybody in Our Family (2012) transformaba un conflicto familiar aparentemente cotidiano en una auténtica guerra emocional donde la violencia psicológica resultaba mucho más devastadora que cualquier golpe físico. Con Aferim! (2015) Jude alcanzó una nueva dimensión cinematográfica convirtiendo un western rumano del siglo XIX en una reflexión brutal sobre el racismo la esclavitud y la construcción histórica de la intolerancia europea. Scarred Hearts (2016) llevó to...

“Once Upon A Time in Harlem”: la memoria de quienes cambiaron la historia antes de desaparecer.

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  La trayectoria cinematográfica de William Greaves siempre estuvo marcada por una necesidad profundamente radical y adelantada a su tiempo. Comprender cómo una comunidad puede construir su identidad cultural mientras sobrevive dentro de una sociedad que constantemente intenta invisibilizarla. Greaves jamás entendió el cine como un simple vehículo de entretenimiento ni siquiera como una herramienta meramente informativa. Para él filmar era preservar la memoria antes de que desapareciera. Era registrar voces que el sistema prefería mantener en los márgenes. Desde Emergency Ward (1959) hasta Black Journal (1968) pasando por Symbiopsychotaxiplasm Take One (1968) y Nationtime (1972) su cine fue evolucionando hacia una mezcla fascinante entre documental ensayo político reflexión filosófica y exploración emocional de la identidad afroamericana. Mientras Hollywood seguía atrapado en narrativas profundamente blancas y estereotipadas Greaves ya estaba creando un lenguaje propio que cuestion...