“Big Girls Don’t Cry”: El precio de dejar de fingir.
Hay películas que cuentan el paso de la infancia a la edad adulta. Big Girls Dont Cry hace algo mucho más difícil. Nos recuerda el instante exacto en el que dejamos de reconocernos porque empezamos a vivir pendientes de la mirada de los demás. Todos hemos interpretado alguna vez un personaje para sentirnos aceptados. Todos hemos fingido ser un poco distintos con la esperanza de recibir el cariño que creíamos imposible alcanzar siendo nosotros mismos. Paloma Schneideman convierte esa idea en el alma de una película que habla de una adolescente en la Nueva Zelanda rural de 2006 pero que en realidad termina hablando de cualquiera que alguna vez haya confundido el amor con la necesidad de agradar. La trayectoria cinematográfica de Schneideman comienza con una ópera prima de una madurez sorprendente. No pretende demostrar cuánto domina el lenguaje cinematográfico ni busca impresionar mediante grandes giros narrativos. Su mayor virtud consiste precisamente en la contención. Filma como quien ...