“Marty Supreme”: o el arte de vender el alma a la velocidad de una pelota de ping pong.
La trayectoria cinematográfica del director Josh Safdie explica muy bien por qué Marty Supreme se siente como una descarga de adrenalina moral y sentimental al mismo tiempo. Desde The Pleasure of Being Robbed (2008) hasta Daddy Longlegs (2009) Heaven Knows What (2014) Good Time (2017) y Uncut Gems (2019) su cine ha perseguido siempre a criaturas que viven al borde del colapso y que convierten la ciudad en una jungla nerviosa donde cada minuto parece el ultimo. Marty Supreme supone además su primer gran salto en solitario tras la separación artística con Benny Safdie y también su regreso como director en solitario de un largometraje por primera vez desde 2008. Esa evolución no significa una ruptura con su mundo sino una ampliación. Aquí sigue latiendo su obsesión por el buscavidas por el timador por el hombre que confunde destino con delirio. Pero todo aparece elevado a una escala más grande más brillante más ambiciosa y más amarga. Safdie no mira a Marty Mauser como a un simple campeón...