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“Low Expectations”: cuando perderse es el primer paso para volver a encontrarse.

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  La trayectoria cinematográfica de Eivind Landsvik llega a Low Expectations desde un territorio muy preciso. El de los cuerpos jóvenes que no saben todavía cómo estar en el mundo. En Sofia en sommer (2021) ya aparecía esa sensibilidad para observar lo que no se dice. En Tits (2023) confirmaba una mirada atenta a la inseguridad juvenil. A la torpeza emocional. A ese instante en que una persona parece vivir dentro de sí misma como si no encontrara la puerta de salida. Low Expectations (2026) no rompe con ese camino. Lo amplía. Lo hace adulto. Lo convierte en una película sobre la depresión sin convertir la depresión en espectáculo. Landsvik no filma una caída para que la contemplemos desde fuera. Filma el después. Filma la mañana siguiente. Filma esa zona gris en la que ya no hay drama visible pero tampoco hay vida suficiente. Maja ha sido una artista joven. Ha conocido el vértigo de los escenarios. La exposición. La promesa venenosa de ser alguien demasiado pronto. Pero la película...

“La doble libertad”: Bosque y silencio.

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  La trayectoria cinematográfica de Lisandro Alonso siempre ha parecido avanzar en dirección contraria al resto del cine contemporáneo. Mientras la mayoría de directores buscan historias cada vez más grandes más veloces y más llenas de estímulos Alonso lleva más de dos décadas depurando el silencio hasta convertirlo en una forma de lenguaje cinematográfico casi espiritual. Desde La libertad (2001) Los muertos (2004) Fantasma (2006) Liverpool (2008) Jauja (2014) y Eureka (2023) su cine ha estado marcado por hombres errantes personajes suspendidos entre el aislamiento y la desaparición seres humanos que parecen vivir fuera del tiempo moderno como si pertenecieran a una dimensión anterior al ruido del mundo. Pero lo fascinante de su evolución es que nunca ha repetido exactamente la misma película. Cada obra ha funcionado como una mutación de la anterior. Como si Alonso hubiera pasado toda su carrera intentando capturar algo imposible de definir. El peso del tiempo sobre el cuerpo huma...

“La Gradiva”: La adolescencia como catástrofe emocional

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  La trayectoria cinematográfica de Marine Atlan parecía destinada desde hace años a desembocar en una película como La Gradiva. Antes incluso de dirigir su primer largometraje ya había construido una de las miradas visuales más hipnóticas y personales del nuevo cine francés gracias a su trabajo como directora de fotografía en películas como Jessica Forever (2018) Foudre (2022) o L’Engloutie (2025). En todas ellas existía una obsesión constante por los cuerpos vulnerables por la adolescencia entendida como un territorio emocional salvaje y por la luz como forma de expresar aquello que los personajes son incapaces de verbalizar. Pero donde otros directores de fotografía suelen quedarse atrapados en la belleza estética Marine Atlan da un paso mucho más difícil y mucho más raro. Consigue convertir la imagen en emoción pura. Y eso es precisamente lo que convierte La Gradiva en una de las películas más comentadas y perturbadoras del Festival de Cannes 2026. No porque sea escandalosa ni ...